Las remesas en criptomonedas a El Salvador suben 35,7% pero siguen en el 0,69% del total
Entre enero y julio de 2026, El Salvador recibió 41,11 millones de dólares en remesas a través de carteras de criptomonedas, según datos del Banco Central de Reserva publicados el 1 de septiembre. La cifra representa un aumento del 35,7% respecto a los 30,29 millones del mismo período de 2025. Sin embargo, el volumen de remesas cripto sigue siendo marginal: apenas el 0,69% de los 5.924,85 millones de dólares que El Salvador recibió en total durante esos siete meses.
El dato confirma una tendencia que los promotores de Bitcoin en el país prefieren no mencionar: la infraestructura cripto está creciendo, pero desde una base tan baja que su impacto en la economía real es casi imperceptible. En 2024, las remesas en criptomonedas alcanzaron 85,5 millones de dólares. En 2025, cayeron a 57,67 millones, un descenso del 32,5%. La recuperación de 2026 no ha devuelto el volumen a los niveles de hace dos años.
Por qué el crecimiento del 35,7% no dice lo que parece
Un aumento de 35,7% parece sólido en términos relativos, pero en términos absolutos el incremento fue de 10,82 millones de dólares en siete meses. Para poner esa cifra en contexto, las remesas totales a El Salvador crecieron 210,57 millones de dólares en el mismo período, de 5.714,28 millones en 2025 a 5.924,85 millones en 2026. Las remesas cripto aportaron el 5,1% de ese crecimiento. El resto llegó por los canales tradicionales.
La participación de las criptomonedas en el total de remesas sí aumentó ligeramente: pasó del 0,53% en enero-julio de 2025 al 0,69% en 2026. Pero ese avance de 16 puntos básicos no respalda la narrativa de que Bitcoin ha transformado el sistema de remesas del país. Lo que los datos muestran es que la mayoría de los salvadoreños que reciben dinero desde Estados Unidos siguen usando Western Union, MoneyGram, bancos y procesadores digitales como Remitly o Wise.
El colapso de 2025 marcó un punto de inflexión
La caída del 32,5% en 2025 coincidió con la desaparición de varios proyectos que habían facilitado el envío de criptomonedas a El Salvador con tarifas subsidiadas o incentivos promocionales. Cuando esas promociones terminaron, muchos usuarios volvieron a los canales tradicionales. El rebote de 2026 podría reflejar una base más estable de usuarios que usan criptomonedas por convicción o porque ya tienen infraestructura montada, no porque un programa de recompensas los atrajo temporalmente.
Otro factor que limita la adopción es la volatilidad. Bitcoin alcanzó 84.666 dólares el 22 de septiembre, pero también cayó por debajo de 75.000 dólares en agosto. Un trabajador en Estados Unidos que envía 300 dólares a su familia puede perder el 5% del valor en el tiempo que tarda la transacción en confirmarse y el destinatario en convertirla a dólares. Los procesadores tradicionales cobran entre 2% y 4% de comisión, pero entregan exactamente el monto enviado.
¿Qué dicen las remesas cripto sobre la adopción real de Bitcoin?
El gobierno de El Salvador ha promovido la narrativa de que el país es un laboratorio global para Bitcoin. Los datos del Banco Central de Reserva muestran una realidad más modesta: cinco años después de la Ley Bitcoin, menos del 1% de las remesas usa criptomonedas. El crecimiento del 35% documentado en septiembre es positivo en términos de tendencia, pero insuficiente para afirmar que el sistema financiero del país ha cambiado.
La pregunta relevante no es si las remesas cripto están creciendo. La pregunta es si llegarán alguna vez a representar una fracción significativa del flujo total. Si el ritmo actual se mantiene, las remesas en criptomonedas podrían alcanzar el 1% del total en 2027 o 2028. Eso seguiría siendo marginal. Para que Bitcoin se convirtiera en un canal mayoritario, tendría que resolver tres problemas: volatilidad, experiencia de usuario, y confianza. Por ahora, ninguno de los tres está resuelto.
El 0,69% no es un fracaso. Es una señal de que la adopción real de Bitcoin como sistema de pagos transfronterizo sigue siendo experimental, lenta, y muy por debajo de las proyecciones que sus defensores hicieron en 2021.