MiCA aísla al ahorrador europeo de las stablecoins, avisan expertos

Un documento firmado por un ex alto cargo del BCE y Circle sostiene que MiCA cubre solo el 1% del mercado de stablecoins y deja al ahorrador europeo expuesto.

Marta Cifuentes Análisis

La regulación europea de criptoactivos nació con la promesa de proteger al ahorrador, pero un documento de trabajo firmado por Ulrich Bindseil, ex alto cargo del Banco Central Europeo, y Patrick Hansen, de Circle, sostiene lo contrario: MiCA estaría aislando al usuario europeo de las stablecoins en lugar de resguardarlo. El texto calcula que el marco cubre apenas alrededor del 1% del mercado real de estos activos. La conclusión incómoda es que la norma más ambiciosa del mundo en la materia deja fuera de su alcance a la parte que de verdad mueve el dinero.

El argumento tiene peso por quien lo firma. Bindseil pasó tres décadas en el BCE y dirigió el área de infraestructura de mercado y pagos, de modo que su crítica no llega desde fuera del sistema, sino desde su núcleo. Para el ahorrador de España o de América Latina que quiere entender por qué le cuesta usar dólares digitales dentro de la Unión Europea, el diagnóstico es directo.

El desequilibrio entre el dólar y el euro

Los números del mercado explican el problema. Según un análisis del centro de estudios Bruegel, las stablecoins denominadas en euros representan solo el 0,3% de la oferta total, mientras que Europa concentra el 38% de las transacciones globales con estos activos. Dicho de otro modo, los europeos usan mucho las stablecoins, pero casi siempre en dólares.

La mayor stablecoin en euros, el EURC de Circle, ocupa apenas el vigésimo puesto por tamaño a nivel mundial. Frente a ella, USDT y USDC crecieron un 126% durante 2024 y 2025. El uso minorista tampoco es marginal: el volumen pasó de 500 millones de dólares en 2019 a 69.130 millones en 2025, y el gasto con tarjetas ligadas a stablecoins alcanzó los 4.500 millones el año pasado. La diferencia entre los distintos tipos de stablecoin que reconoce MiCA no cambia ese reparto: el dólar domina el uso real.

Por qué la norma no llega adonde importa

El punto técnico que sostiene la crítica es que MiCA depende de los intermediarios con licencia, los llamados proveedores de servicios de criptoactivos. La norma puede vigilar lo que pasa por esas plataformas, pero no puede impedir que un residente europeo acceda a una stablecoin no conforme desde una wallet autocustodiada o mediante una operación directa entre particulares en la cadena.

Ese hueco vacía de contenido uno de los límites estrella del reglamento. El tope a las stablecoins que no están en euros, fijado en un millón de transacciones o 200 millones de euros diarios, solo aplica a los flujos que pasan por un proveedor regulado. Lo que ocurre en operaciones entre particulares o en wallets propias apenas se mide, y se hace de forma aproximada. El resultado es que la parte regulada del mercado convive con una parte mucho mayor que queda fuera del radar.

A la vez, MiCA impone a los emisores europeos condiciones exigentes, como mantener buena parte de las reservas en depósitos bancarios y la prohibición de remunerar al tenedor. Esas reglas encarecen y restan atractivo a las stablecoins en euros justo cuando compiten contra alternativas en dólares que sí ofrecen más ventajas al usuario. El efecto es el contrario al buscado: el ahorrador termina empujado hacia el producto que la norma quería contener, un patrón que ya se vio cuando Tether quedó fuera del mercado europeo bajo MiCA.

El riesgo que preocupa a los autores

La inquietud de fondo no es solo comercial. Los análisis coinciden en un peligro que llaman dolarización de la infraestructura: si las liquidaciones europeas se apoyan cada vez más en tokens respaldados por dólares, el continente queda expuesto al riesgo cambiario y fiscal de Estados Unidos y cede terreno en su propia soberanía monetaria. No hace falta que el euro desaparezca de la vida diaria; basta con que las tuberías que mueven el dinero funcionen en dólares.

Frente a ese escenario, las propuestas apuntan a hacer competitivo al euro digital antes que a levantar más muros. Entre las ideas figuran acelerar el proyecto Appia del BCE para conectar las plataformas de registro distribuido con los pagos del banco central, revisar la exigencia de mantener reservas en depósitos bancarios, permitir alguna remuneración al tenedor y dar a los emisores europeos acceso a facilidades del banco central. Todas comparten una misma lógica: si el usuario no encuentra un producto en euros a la altura, seguirá eligiendo el dólar.

Qué significa para el usuario del sur de Europa y América Latina

Para quien vive en España, la aplicación plena de MiCA desde el 1 de julio de 2026 ya condiciona qué plataformas puede usar y qué activos encuentra en ellas. La crítica de Bindseil y Hansen sugiere que esa protección tiene un límite claro: no cubre lo que el usuario hace por su cuenta, fuera de las plataformas reguladas. Entender cómo una stablecoin mantiene su paridad resulta más útil que confiar en que la norma resuelva el riesgo por sí sola.

En América Latina la lectura es distinta pero conectada. Allí las stablecoins en dólares ya son un hábito de ahorro y pago, y la experiencia europea muestra que prohibir o encarecer el acceso rara vez frena la demanda. El debate que abre este documento no se limita a Bruselas: plantea si conviene competir con un buen producto propio o resignarse a que el dólar digital ocupe el espacio que deje libre cada regulador.

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