Las empresas que acumulan bitcoin en su balance se han convertido en uno de los grandes compradores del mercado. El caso más conocido es Strategy, la antigua MicroStrategy de Michael Saylor, que el 1 de septiembre volvió a comprar tras diez semanas de pausa. Sumó 4.603 bitcoins por unos 602,8 millones de dólares y elevó sus reservas a 845.050 unidades. El modelo tiene una lógica clara, pero también riesgos que conviene entender antes de mirar sus acciones como una forma indirecta de tener bitcoin.
Cómo funciona el modelo Strategy
La idea es sencilla de enunciar. La empresa capta dinero en los mercados financieros y lo convierte en bitcoin, que guarda como reserva principal de tesorería. La última compra se financió con la emisión de 4,53 millones de acciones nuevas, con las que reunió los 602,8 millones de dólares. El precio medio pagado fue de 75.412 dólares por moneda. Con 845.050 bitcoins en cartera, el coste total acumulado ronda los 63.800 millones de dólares.
La clave está en que la acción cotiza muchas veces por encima del valor de los bitcoins que respalda cada título. Esa prima permite a la empresa emitir acciones caras, comprar bitcoin con el dinero obtenido y aumentar la cantidad de moneda que corresponde a cada acción. Mientras la prima y el precio del bitcoin acompañan, el circuito se retroalimenta y beneficia a los accionistas que ya estaban dentro.
La palanca que amplifica las dos direcciones
El mismo mecanismo que multiplica las ganancias en la subida agranda el daño en la bajada. La empresa asume una palanca implícita: su valor en bolsa depende del precio del bitcoin, pero también de que el mercado siga dispuesto a pagar una prima por sus acciones. Si esa prima se estrecha o desaparece, emitir acciones deja de crear valor y la ventaja se apaga.
El margen actual es estrecho. Con bitcoin cerca de los 77.159 dólares, la cartera de Strategy vale alrededor de 65.000 millones, apenas por encima de los 63.800 millones de coste. El precio medio de compra, 75.412 dólares, queda muy cerca de la cotización de mercado. Y la referencia sigue un 38,83% por debajo de su máximo de 126.149 dólares de octubre de 2025. Un tramo bajista prolongado dejaría a la compañía sentada sobre una posición sin apenas beneficio latente.
El paralelismo con las reservas estatales
El patrón recuerda al de los Estados que compran bitcoin. El Salvador acumula unidades mediante adquisiciones periódicas y sostiene la misma apuesta: que el precio suba con el tiempo. Sus reservas de bitcoin crecen pese al freno del FMI, aunque la ganancia solo se materializa si vende. Empresa y Estado comparten esa contabilidad de papel: acumulan un activo volátil y contabilizan una revalorización que no es dinero hasta que se realiza.
La diferencia está en la exigencia del mercado. Un Gobierno responde ante los votantes y los organismos internacionales; una empresa cotizada responde cada trimestre ante sus accionistas y ante el precio de su acción. Esa presión hace que el modelo corporativo sea más sensible a los vaivenes de corto plazo.
Los riesgos para el inversor
Quien compra acciones de una de las empresas que acumulan bitcoin no compra bitcoin directamente. Compra una empresa apalancada sobre el bitcoin, con tres riesgos añadidos. El primero es la prima: puede desinflarse y arrastrar la acción por debajo del valor de los activos. El segundo es la dilución: cada emisión reparte la tarta entre más títulos. El tercero es la dependencia del acceso continuo a capital barato, que se seca justo cuando el mercado cae.
Para quien solo busca exposición al precio existen vías más simples. Los fondos cotizados replican la cotización sin la capa empresarial, como muestra el hecho de que los ETF de bitcoin captaran casi 1.000 millones en una sola semana. Antes de decidir conviene entender qué es un ETF de cripto al contado y cómo funciona, para comparar el riesgo real de cada opción.
El modelo de tesorería en bitcoin no es ni una máquina de imprimir dinero ni una trampa segura. Es una apuesta apalancada que descansa sobre dos pilares: el acceso permanente a capital barato y un precio que sube con el tiempo. Cuando cualquiera de los dos falla, la misma palanca que impulsó las ganancias empieza a trabajar en contra.