Las stablecoins como medio de pago ganan terreno frente al ahorro

El gasto con stablecoins llegó a 1.076 millones de dólares en agosto de 2026 y las tarjetas de Visa, Mastercard y Kraken empujan su uso como medio de pago.

Diego Arrieta Análisis

Durante años, la mayoría de la gente usó las stablecoins para una sola cosa: guardar dólares digitales. Ese hábito está cambiando. Las stablecoins como medio de pago ganan terreno frente al ahorro, y los datos de agosto de 2026 lo confirman. El gasto con estas monedas alcanzó los 1.076 millones de dólares en el mes, repartido en 10,67 millones de transacciones.

El número de direcciones activas subió a 283.000, frente a las 261.000 de julio. El ticket medio se situó en 100,80 dólares por operación. No son cifras de reserva pasiva. Son cifras de consumo: compras pequeñas, frecuentes y repartidas por medio mundo.

Del colchón digital al datáfono

La foto la lidera una tarjeta concreta. RedotPay concentró 390,1 millones de dólares, un 36 por ciento del gasto total, con 6,34 millones de operaciones, el 54 por ciento del volumen de transacciones. Su ticket medio fue de 61,50 dólares, más bajo que la media. Conviene una nota de cautela: esos datos son autoreportados por la propia empresa y no se verifican en la cadena.

El patrón se repite en otras plataformas. En la tarjeta de Kraken, los pagos semanales por usuario superaron los 8,3, más del doble que un año antes. Las compras minoristas representaron el 59,3 por ciento del gasto. La conclusión es sencilla: quien tiene la tarjeta la usa para el día a día, no para especular.

Las tarjetas hacen el trabajo pesado

El puente entre la cadena y el comercio lo tienden las redes tradicionales. Visa gestiona o desarrolla más de 160 programas de tarjetas ligadas a criptoactivos. Mastercard ya liquida pagos con stablecoins en 8 blockchains distintas. Ese engranaje convierte un saldo en USDC o USDT en un pago normal en cualquier terminal.

El efecto se nota con fuerza en mercados emergentes. StraitsX registró un crecimiento del 600 por ciento en el valor transaccionado en regiones de menor PIB entre principios de 2025 y 2026. En Brasil, la tarjeta de Binance sumó un 53 por ciento más de usuarios y un 80 por ciento más de volumen. El dinero programable dejó de ser una promesa de laboratorio.

Por qué América Latina va por delante

¿Dónde tiene más sentido pagar con dólares digitales? Allí donde la moneda local pierde valor. La firma de capital riesgo a16z lo resumió sin rodeos: en Argentina, comprar criptomonedas significa comprar dólares. No es una frase de marketing, es una descripción del comportamiento real de los usuarios.

Un dato de a16z dimensiona la escala: cerca del 94 por ciento del volumen cripto operado en pesos argentinos ya corresponde a stablecoins. La cifra apenas se movió cuando la inflación empezó a ceder, señal de que el hábito quedó instalado. Cuando contamos que las stablecoins en Argentina no cayeron con la inflación, el punto era ese: el uso responde a la necesidad de proteger el poder adquisitivo, no al precio del bitcoin. Comprar el token es la forma más rápida de dolarizar un sueldo. En México, la historia se cuenta en remesas. Lo detallamos al explicar cómo funcionan las remesas con stablecoins en México, más rápidas y baratas que la vía tradicional.

La banca entra en la partida

El giro hacia el pago no pasó desapercibido para los bancos. Grandes entidades europeas preparan sus propios tokens en euros y dólares. Lo contamos cuando Santander y BBVA se unieron a 21 bancos por una stablecoin. El cálculo es defensivo: si el pago con stablecoins crece, la banca prefiere emitir la suya antes que ceder el carril a las emisoras privadas.

Ese movimiento tiene un riesgo para las propias entidades. Si el cliente paga con un token que rinde y se mueve al instante, el depósito bancario clásico pierde atractivo. La disputa por el medio de pago se convierte, de fondo, en una disputa por el ahorro.

Qué mirar en los próximos meses

La cifra que importa ya no es solo la capitalización de las stablecoins, sino cuántas veces cambian de manos. Con 1.076 millones de dólares gastados en un mes y las tarjetas empujando, las stablecoins como medio de pago dejaron de ser una hipótesis. El siguiente termómetro será la reacción de reguladores y bancos centrales, que observan cómo el dólar digital se cuela en la caja del comercio diario.

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