Las stablecoins de Visa ya mueven 20.000 millones al año

Visa liquida ya 20.000 millones de dólares al año en stablecoins, quince veces más que hace un año. Qué significa para las remesas de América Latina y España.

Diego Arrieta Análisis

Durante años, las stablecoins se vendieron como el futuro de los pagos sin llegar a serlo. El anuncio de Visa cambia el tono. La compañía informó de que su volumen de liquidación en stablecoins alcanzó un ritmo anualizado de 20.000 millones de dólares en su segundo trimestre fiscal de 2026, quince veces más que un año antes. Ya no es un piloto: es tubería financiera que mueve dinero de verdad.

Un salto de quince veces en doce meses

La cifra impresiona menos por su tamaño que por su velocidad. A finales de 2025, Visa liquidaba unos 3.500 millones de dólares al año en stablecoins. En abril de 2026 la marca ya rondaba los 7.000 millones. El segundo trimestre fiscal la elevó hasta los 20.000 millones anualizados. En paralelo, el volumen de pago de las tarjetas ligadas a stablecoins creció cerca de un 200% interanual, con más de 160 programas de tarjetas activos en todo el mundo.

PeriodoLiquidación anualizada en stablecoins
Finales de 20253.500 millones de dólares
Abril de 20267.000 millones de dólares
Segundo trimestre fiscal 202620.000 millones de dólares

El punto de partida importa. Un año atrás, ese volumen apenas superaba los 1.300 millones. La curva es la de una tecnología que pasa de la prueba de concepto a la operación diaria.

Del cajón bancario al contrato inteligente

La clave técnica está en qué sustituyen las stablecoins. En el modelo tradicional, un emisor de tarjetas debe dejar dinero inmovilizado en cuentas bancarias como garantía, a la espera de que la red liquide. Visa está reemplazando esos depósitos por contratos inteligentes que liquidan en cadena. El resultado es un ciclo de liquidación de siete días con menos capital parado.

El brazo de crédito de la operación da la medida. A través de su plataforma con Rain y Credit Coop, Visa ha financiado más de 2.500 millones de dólares desde 2023, con más de 3.000 operaciones de préstamo y unas 9.000 devoluciones ejecutadas. La tasa de impago declarada es del cero por ciento, y el coste de financiación cae hasta un 30% frente a la vía tradicional. Otra firma del sector, Karta, cerró una línea de crédito institucional de 125 millones dentro de un paquete de 140 millones. El mensaje para la banca es incómodo: el circuito funciona sin sus cuentas de garantía.

Qué cambia para las remesas de América Latina

Aquí está la lectura regional. América Latina es uno de los mercados donde las stablecoins ya se usan como dólar de bolsillo. Según un informe de BeInCrypto, la región retira cada año unos 31.500 millones de dólares en stablecoins desde los exchanges, con un importe medio por retirada de 544 dólares. La mayoría se mueve enseguida: son dólares de uso, no de ahorro.

El contraste con las remesas formales es revelador. En El Salvador, las remesas enviadas con criptomonedas sumaron 41,11 millones de dólares entre enero y julio de 2026, un 35,7% más que el año anterior, pero apenas el 0,69% del total recibido. La demanda existe; el canal minorista sigue siendo pequeño. Si una red como Visa abarata la liquidación mayorista, el corredor Estados Unidos-México y otros similares pueden crecer por debajo de la superficie, sin que el usuario final sepa que su envío viajó en stablecoins. Ya explicamos cómo funcionan las remesas con stablecoins en México y por qué el ahorro en comisiones es el gran incentivo.

La otra cara es regulatoria. México estudia reservar la emisión de stablecoins a la banca, una decisión que definiría quién controla ese corredor. En Argentina, donde comprar cripto equivale a comprar dólares, la adopción ya es cotidiana.

España, la banca y MiCA

En Europa el marco es MiCA, que exige respaldo, transparencia y licencia para emitir tokens de dinero electrónico. La gran banca española no se ha quedado quieta: Santander y BBVA figuran entre los bancos que trabajan en una stablecoin en euros. El movimiento de Visa refuerza la idea de que las stablecoins ganan terreno como medio de pago, aunque en la Unión Europea el uso generalizado de tokens no denominados en euros afronta límites regulatorios.

Los límites del entusiasmo

Conviene medir las palabras. Los 20.000 millones son un ritmo anualizado, no un saldo cerrado, y dependen de que la demanda actual se sostenga. El volumen se concentra en pocos actores y sigue siendo mayorista: el consumidor no paga todavía el café con una stablecoin de Visa. Además, buena parte del circuito descansa en emisores de dólares digitales cuya solvencia hay que vigilar. La cifra confirma una tendencia, no una victoria. Lo que sí queda claro es que la infraestructura de pagos empieza a construirse sobre cadenas públicas, y que la banca tendrá que decidir si compite o se integra.

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